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Duda jurídica, en tres segundos: ¿Es esto una violación estatutaria o se trata por el contrario de un error monumental?
[Encontrado, entre otros chistes asaz procaces, en mi bandeja de correo entrante].
Ya tenemos candidato para el premio al mayor querulante del mundo, si es que alguna vez se llega a organizar un galardón de esta naturaleza. Y aunque podría llevárselo algún cliente de nuestro despacho -perfiles ganadores no nos faltan-, el secreto profesional nos obliga a buscar fuera de nuestras fronteras.
Nuestro hombre se llama Jonathan Lee Riches, y lleva presentadas más de mil demandas ante tribunales federales estadounidenses, en las que denuncia toda suerte de supuestos agravios, entuertos y fechorías.
Hasta ahora ha demandado, según consta en su página en la Wikipedia, a entrenadores y jugadores de fútbol americano, al expresidente Bush, a presentadores de televisión, a Steve Jobs, Paris Hilton (esta sí se lo merece, sea por el motivo que sea), a los piratas somalíes, a la cantante (?) Britney Spears y a varios jefes de Estado, entre otros muchos.
Su penúltima querella es sin duda la mejor, por el delicioso factor autorreferente que la acompaña. Acaba de presentar una demanda de medidas cautelares contra los editores del Libro Guinness de los Récords exigiendo que un tribunal federal les impida… nombrar al demandante Riches como la persona que ha interpuesto más demandas de la historia de la humanidad. ¡Bravo!
Algún pícaro minino se ha colado en la Sala de lo Contencioso de la Audiencia Nacional, cuya sentencia del 29/04/2009 nos envía Sevach (¡gracias!).

Este letrero recibe a los miles de visitantes que entran cada día en los ascensores de la sede general de los juzgados de Plaza de Castilla, en Madrid, al objeto de informar al justiciable sobre la planta en que se encuentra el juez que ha de disponer de su destino.
El cartel no tiene nada de particular, salvo que los Juzgados de lo Penal indicados fueron trasladados a otro edificio en la otra punta de la ciudad ¡hace ya más de seis años!. Desde entonces la sede se ha reorganizado varias veces, se han incorporado los nuevos juzgados de Violencia contra la Mujer (sí, se llaman así), han cambiado las salas de abogados, etc. En definitiva, cualquier parecido con lo indicado en el rótulo y la realidad es pura coincidencia.
A pocos metros cuelga otro cartel que sí indica la información correcta. Ambos coexisten pacíficamente y sirven con eficacia a su destino compartido: despistar lisérgicamente al personal, ofuscar a los pobres testigos que vienen por primera vez a un juicio, marear al ciudadano para que cuando llegue, si llega, a la sala de vistas, esté tan sofocado y aturdido que no pueda decir ni mu y el fiscal y/o el juez se lo merienden con patatas fritas.
Pero bueno, pelillos a la mar, la tardanza en renovar la señalización no es para escandalizarse teniendo en cuenta que los procesos penales se rigen por una ley publicada en octubre de 1882 y más parcheada que el ojo de un pirata. Se anuncia una pronta reforma de la norma, o sea que extrapolando el dato podemos calcular que nuestro letrero será renovado en el año 2136. ¡Paciencia!
Este inefable vídeo nos demuestra, una vez más, que la abogacía es oficio de riesgo.
"Rompí un espejo y me gané siete años de mala suerte, pero mi abogado dice que puede bajarlos a cinco."
- Stephen Wright

He aquí un original método disuasorio de los amigos de lo ajeno. Si no puedes evitar que te atraquen una y otra vez cuando paseas por algún barrio chungo, haz como Jimmie Rodgers con su cámara: ¡aféala! Un poco de esparadrapo aquí y allá, unos cuantos pintarrajos y ya puedes dedicarte a hacer fotos por ahí sin miedo a quedarte compuesto y sin testimonios gráficos para la posteridad.
Nuestro héroe [vía Lifehacker] se paseó por medio Brasil y pudo hacer más de 5.000 fotos como éstas. Ahí queda la idea.

¿Quién dijo que las demandas más absurdas se presentan solo al norte del Río Grande?
El concepto de "lanzarse a litigar en un momento de calentón" cobra un significado exacto en el caso que reseñamos a continuación. Este caballero keniata ha reclamado una indemnización ante los tribunales de su país por, agárrense, denegación de sexo durante una semana por parte de su esposa.
James Kimondo, que así se llama el brioso querulante, afirma que su mujer le viene negando su derecho conyugal a la coyunda, valga el juego de palabras, a raíz de una convocatoria de boicot sexual lanzada por un grupo feminista. Concretamente, la demanda se dirige contra cuatro de sus principales activistas, que para presionar al presidente Kibaki y otros ministros a fin de que solucionen los conflictos internos del gobierno de coalición, pidieron un boicot nacional de las mujeres del país al sexo con sus parejas durante una semana.
Nuestro hombre, víctima de la forzada abstinencia amatoria, sufrió problemas de insomnio y concentración, además de dolores de espalda y malestar general. Pobrecito. Desde aquí nos adherimos a su demanda. ¡Ánimo Kimondo! ¡Frente a la erótica privación, suculenta indemnización! ¡Fiat iustitia et pereat mundus!

Esta mañana me he encontrado cerca de mi casa con este inquietante cartelito. Es posible que solo se trate de una desafortunada transcripción de la ordenanza municipal de limpieza. Tranquilidad, en todo caso: la conducta que sanciona el ayuntamiento de Algete (Madrid) constituye lo que los penalistas denominan tentativa inidónea o delito imposible.
¿O es que - cielos- hay alguien capaz de hacer eso?

El nombre de Google aparece cada vez más en noticias relacionadas con el Derecho de la Competencia. Lo que comenzó con un proyecto de dos estudiantes de doctorado se ha convertido en un inmenso pulpo corporativo con tentáculos planetarios que abarcan toda la actividad del internauta: correo electrónico, comunicaciones, telefonía, mapas y mil artefactos cibernéticos que nos hacen la vida más fácil, pero en algunos campos empiezan a amenazar la libre competencia.
El último aviso viene de la mano de su archirival Microsoft, en el marco de su defensa ante una propuesta de la Comisión Europea que le obligará eventualmente a instalar navegadores distintos al Internet Explorer en su sistema operativo Windows. Microsoft alega que tal exigencia solo servirá para potenciar la posición de dominio de Google en el mercado publicitario de las búsquedas por Internet. Al argumento no le falta razón: cuando el usuario hace una búsqueda en Firefox o Opera, el navegador utiliza por defecto el buscador de Google. Estos navegadores obtienen el grueso de sus ingresos de las comisiones que cobran por dirigir tráfico al buscador de Google. Y no digamos si se trata de Chrome, el navegador propio de la casa.
Hace poco hablábamos de las consecuencias perversas de algunas normas, que se dictan con fines piadosos pero generan sin querer resultados nocivos. Si las autoridades europeas obligan a Microsoft a incluir de serie también los navegadores de la competencia, habrán ganado una trinchera más en su guerra contra un monopolio (el de Windows), pero por el camino estarán contribuyendo a crear otro.
No se trata de buenas intenciones. También las tenían los ingleses que llegaron a Australia en el siglo XIX con siete parejas de conejos. Los animales se reprodujeron tan explosivamente que casi convirtieron la isla en un desierto. Hubo incluso que inventar una enfermedad artificial, la mixomatosis, para combatir la plaga. Y la mixomatosis generó a su vez otra consecuencia imprevista: la decadencia de otros animales, algunos emblemáticos de nuestro país como el lince ibérico o el águila imperial. Cuidado con las leyes antimonopolio, que las carga el diablo.

Las consecuencias imprevistas de las leyes son aquellas que desbordan los resultados originalmente previstos para una situación concreta. A veces son beneficiosas: véase como ejemplo la legalización del aborto, que se dice que reduce a la larga los índices de criminalidad. O los privilegios de caza reservados para la nobleza en tiempos medievales, que sirvieron indirectamente para proteger el medioambiente y dieron origen a los actuales parques naturales.
Pero lo habitual es que los resultados sean negativos o perversos, en consonancia con la inevitable Ley de Murphy. Álex Guerrero relata un caso kafkiano en el blog La Moqueta Verde:
Recientemente, en un viaje a Miami, estuve hablando con una abogada local y me comentó el extravagante caso de los "agresores sexuales". Las leyes de Florida obligan a los acusados a no salir de su condado, y a permanecer a más de 800 metros de cualquier lugar donde se reunan niños, sean escuelas, parques o centros de día.
En el caso del condado de Miami-Dade, eso sólo deja la islita debajo de un puente que une a Miami con la isla de Miami Beach, de modo que decenas de hombres y jovenes viven hacinados en tiendas de campaña a la espera de juicio, que puede tardar un mínimo de varios meses y en ocasiones años. [...] El año pasado, ante la llegada de tormentas tropicales, tuvieron que huir dado que la isla se estaba inundando. La policía, al revisar la zona a la mañana siguiente, observó que los hombres no estaban -bajo las aguas- y los llevó a juicio por no permanecer en la isla. El juez, obviamente, se llevó las manos a la cabeza lo kafkiano de la situación.
[¡Gracias por la pista, srlobo!]

Como comentan alarmados bastantes compañeros, está bajando la cifra de separaciones y divorcios. Y no porque esté volviendo el amor, como en la canción aquella de La Unión, ni por falta de parejas en crisis, sino por lo difícil que se está poniendo la venta de la vivienda común. Si no hay manera de vender el piso, se pone muy difícil partir peras.
Decía Einstein que en los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento. Y nos encontramos con iniciativas tan imaginativas como la de una inmobiliaria de Huelva que ofrece un paquete de “piso+divorcio por 68.000 euros”. La tarifa incluye un piso de tres habitaciones y el coste de los honorarios de abogado para tramitar el divorcio, ya sea amistoso o contencioso.
El problema no desaparece, pues vender la casa conyugal sigue siendo una empresa incierta en el mar revuelto de la crisis, pero al menos los futuros ex-cónyuges se ahorran tener que buscar abogado. ¿Qué será lo próximo? ¿ofertas de "pizza + pleito hereditario"? ¿un combo "viaje a Egipto + juicio de desahucio"? ¿"Contrata tu ADSL y llévate un abogado puesto"?

Los vericuetos de la normativa electoral pueden ser sorprendentes. El caballero de la foto es el primer ministro del estado de Maharashtra, y la dama que posa a su lado, su esposa. Ambos muestran ufanos el dedo corazón tras votar en unas elecciones celebradas en la India. Para evitar fraudes, las juntas electorales habitualmente disponen que cada votante, tras depositar su papeleta en la urna, sea marcado con tinta indeleble en un dedo. En esta ocasión se celebraban dos elecciones muy seguidas, y una vez gastada la opción del dedo índice, hubo que recurrir al dedo corazón.
Por eso los candidatos, a fin de fomentar la participación y animar a la gente a acudir a las urnas, exhiben su dedo corazón con sano ímpetu preelectoral. ¡Cuán traicionero puede llegar a ser el lenguaje corporal!
Este curioso vídeo muestra cómo se las gastan los policías daneses con los ciclistas que circulan sin casco. En lugar de cascarles la multa correspondiente, ¡les dan un abrazo y les regalan un casco!
Me pregunto qué tendrá más efecto disuasorio: la sanción tradicional o la perspectiva de verse sometido a una efusión de cariño policial...