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El nuevo ministro de Justicia español ha expresado ya su intención de arreglar la justicia española y acabar con la lentitud de los procesos y el desbarajuste burocrático, ese inhumano alien que resiste a todas las reformas legislativas, iniciativas y gobiernos.
Conmovido por tan bienintencionado propósito, he pedido a mi buen amigo Ridley Scott que reescriba cierta escena de Alien, el octavo pasajero, de modo que sea el androide Ash quien ponga al ministro los pies en el suelo.
Caamaño: ¿Cómo le matamos? Tiene que haber alguna forma de matarlo ¿Cómo lo hacemos?
Ash: No podéis. Aún no comprendéis con lo que os enfrentáis. ¿No es cierto? Un perfecto organismo. Su perfección estructural es sólo comparable a su hostilidad.
Caamaño: Tú le admiras.
Ash: Admiro su pureza. Es un superviviente al que no afectan la conciencia, los remordimientos o las fantasías de moralidad. No tenéis ninguna posibilidad. Pero contáis con mi simpatía.

Un espectacular robo en Alemania parece haber dado con la receta del crimen perfecto. Unos cacos atracan una joyería con escalo y se levantan más de cinco millones de euros en alhajas y relojes de lujo. La policía encuentra restos de ADN en un guante abandonado en el lugar de los hechos, y, frotándose ya las manos por un seguro éxito policial, detiene al sospechoso cuya ficha de ADN encaja con el rastro del guante como un ídem.
Pero, oh sorpresa, no hay un sospechoso, sino dos, pues el tipo tiene un hermano gemelo, monocigótico, con un ADN prácticamente idéntico, y que también estaba fichado por la policía. Por definición, la autoría en Derecho penal ha de probarse en relación con individuos concretos y, como no hay manera de determinar cuál de los dos hermanos es el culpable, el tribunal no tiene más remedio que absolver a ambos. Ya se sabe que más vale equivocarse perdonando a un culpable que condenando a un inocente.
Interesante dilema, pardiez: el tribunal sabe que uno de ellos es con toda seguridad el culpable, pero no cuál, y ante la duda debe dejar libres a los dos. El gemelo A alega en su defensa que el culpable podría haber sido el gemelo B, y viceversa. Ambos hermanos saben quién de los dos es el ladrón. El gemelo inocente tiene obligación de decir verdad, como testigo que es de un delito, pero al mismo tiempo su calidad de acusado le da derecho a permanecer en silencio.
¿Cómo averiguar la verdad? Hay quien sugiere que lo más práctico sería ofrecer a cada hermano por separado cumplir media condena. En buena lógica el culpable aceptaría la oferta mientras que el inocente se negaría en redondo. ¿Qué opina el lector?

He aquí un sugestivo proyecto docente para cualquier Universidad española que coja el guante. Grace Case es una web fruto de la colaboración entre las facultades de Derecho y de Periodismo de la Universidad de Montana, dedicada a dar cobertura a un pleito penal que enfrenta al Fiscal norteamericano con una empresa minera que presuntamente contaminó de amianto a los habitantes locales. [Visto aquí].
Los alumnos de Periodismo retransmiten en el blog del proyecto las sesiones del juicio, y los de Derecho se encargan de aportar los matices y explicaciones procesales. Los lectores disfrutan de una fuente fresca y original de información sobre el litigio, y por el camino los estudiantes van aprendiendo sus respectivos oficios.
En nuestro país no faltan los macrojuicios ni los estudiantes de ambas disciplinas. ¡Ahí queda la idea!

Llevo una década utilizando IBM ViaVoice, mi fiel programa de reconocimiento de voz que, en versión prehistórica, me acompaña de ordenador en ordenador allá por donde voy. Tiene una curiosa ventaja: cuando termino de dictarle un texto, mi viejo amigo electrónico se dedica un rato a procesar mi voz, de modo que en la siguiente sesión me entiende un poco mejor. Cada vez que jubilo un equipo, saco mi voz del equipo y la traslado al siguiente. Fascinante una y otra vez.
El programita y yo tenemos tal grado de compenetración, nos entendemos tan bien que formamos una pareja indisoluble. Me escucha, me entiende, no protesta. No me lleva la contraria. Me respeta. No solo escucha pacientemente todas mis sandeces, sino que además las pone por escrito. Con él me siento como un dictador, valga el juego de palabras, de mi propia república bananera. Lo siento por la raza humana, pero no puede competir con mi ViaVoice.
Esta mañana le he dejado un rato solito, con el altavoz desconectado, de modo que solo podía oír los ruidos internos del ordenador, es decir, escucharse a sí mismo, y cuando he regresado a la pantalla, he leído esto:
Deja a déjala deja de denuncia el deja de deja de deja deja de deja deja de jarro de Jaén a jarro de Jaén Nerja jauja de de a déjalo lonja Jaén deja de de de de la deja deja de de Berja el de la verja de la deuda verja de que deba de Jaén jaez jadeo jarro a Jaén deja Jaime de Jaén jarro de Jaén Jaén e jade verja del jardín de de la lonja de de Jaén el jarrete de Jaén en Jaén o verja jade Adaja de de ajá el jadear de dejar en raja en Jaén no de lonja laja de rodaja de Nerja de Japón.
La edad no perdona, y me temo que a mi devoto ViaVoice tampoco. ¿Se estará volviendo gagá? ¿Está pensando en fugarse a Jaén? ¿Se ha apuntado a un taller de surrealismo literario?
¿Quién dijo que las condiciones y avisos legales que aparecen al pie de muchas webs tienen necesariamente que utilizar un lenguaje antipático, burocrático y peripatético (con perdón por la triple esdrújula)?
La respuesta nos la da Hernán Casciari, que perpetra este descacharrante aviso legal en su blog Orsai:
"[...] El titular del weblog llamado ORSAI S.R.L es don Hernán Casciari, argentino, gordo, DNI 22.124.615, (en adelante EL JORGE), con domicilio legal en un lugar de España donde la gente habla raro y le unta jugo de tomate al pan desaprovechando la pulpa (en adelante BARCELONA).
[...] El LECTOR se compromete a hacer un uso adecuado de las BOLUDECES (en especial los cuentitos y las teorías de porro) que EL JORGE ofrece a través de su weblog y con carácter enunciativo, pero no limitativo. El LECTOR se compromete a no emplear estas BOLUDECES para (i) incurrir en actividades ilícitas, ilegales o contrarias al mandato de sus progenitores; (ii) difundir contenidos o propaganda de carácter racista o de shampú, xenófobo, arquitectónico, de apología de la organización Montoneros o atentatorio contra los derechos de los etíopes; (iii) provocar daños en los sistemas físicos de EL JORGE, de sus amigos o de su vecina tetona de quinto.[...]"

Quien revela el secreto de otros pasa por traidor; el que revela el propio secreto pasa por imbécil. El adagio de Voltaire viene al pelo de esta divertida historia de chapuzas procesales.
Una empresa de redes sociales llamada ConnectU demandó a Facebook por robarle la idea. Los letrados de ambas partes llegaron rápidamente a una conciliación judicial en virtud de la cual ConnectU se embolsaba una bonita indemnización, y Facebook evitaba una desagradable publicidad negativa. La condición, claro, es que la cuantía del arreglo quedase en secreto.
Aquí empezaron las pifias. La primera, a cargo del despacho de abogados de ConnectU, a cuyo departamento comercial no se le ocurrió otra cosa que alardear en un folleto promocional (pdf) de haber “conseguido una indemnización de 65 millones de dólares de Facebook”. [Ejem, ya he dicho la cifra. Pero que quede entre nosotros, ¿eh?]
La segunda ñapa parece también un trabajito de nuestro hispánico Anacleto, agente secreto. El tribunal federal californiano a cargo del asunto publicó el acta de la vista a puerta cerrada en la que se llegó al acuerdo, suprimiendo todas las referencias a la cifra secreta. Lo gracioso está en el mecanismo de supresión del texto, que tú mismo, amigo lector, podrás reventar en pocos segundos, sin necesidad de matricularte en criptografía, tan solo siguiendo estas sencillas instrucciones:
«Sería una lástima que la exigencia y el rigor, dos valores muy escasos en una España descoyuntada y fofa, se llevaran por delante, en tanto que juez de la Audiencia Nacional, a Baltasar Garzón. Desde la muerte de Leopoldo Fregoli, el italiano que convirtió en arte y espectáculo el vértigo del transformismo, nadie como nuestro prócer jienense había dominado, con tanto virtuosismo, las mañas de la especialidad. Garzón, como nos tiene demostrado, es capaz de formar parte de los tres grandes poderes del Estado en una sola fracción de la Historia. Siguiendo el magisterio de Fregoli, puede interpretar multitud de papeles y personajes diferentes. Tiene talento, voz, maneras y vestuario suficientes para conseguirlo y, de hecho, lleva más de veinte años, desde su debut en la Audiencia Nacional, acaparando los focos de la atención pública. Alguno de sus papeles, como el que interpretó como número dos de Felipe González en las elecciones del 93, ya se incluyen en la historia de la farsa.»
«Las declaraciones de la renta son las obras de ficción más imaginativas que se escriben hoy en día».
- Herman Wouk
El personal de Correos está sujeto a un régimen jurídico excepcional y bastante peculiar. Se trata de funcionarios que tras la liberalización de los servicios postales pasaron a prestar servicios en una sociedad estatal anónima, pero manteniendo sus derechos adquiridos, y con sujeción a un estatuto propio.
Se conoce que a alguno no le hizo gracia el cambio, y así lo viene manifestando mediante recónditos y misteriosos signos de protesta, como el que nos encontramos el otro día en el municipio de Guadarrama, Madrid.
Sí, esto es un buzón.

Hasta ahí todo normal. ¿Todo? Fijémonos en la placa que muestra los horarios de recogida:

No sabemos si se trata de un gesto subliminal de protesta (somos funcionarios públicos y trabajamos en una sociedad anónima, el mundo está al revés), o bien una encomiable iniciativa de Correos en pro de la salud pública, al obligar al ciudadano a hacer el pino para leer el texto y ejercitar así la musculatura y la elasticidad, o simplemente de una entrañable Spanish chapuzation.
La navaja de Occam que llevo en el bolsillo me dice que esta última es la explicación más plausible. ¿Cuál se te ocurre a ti, amigo lector?
Muchas parejas en crisis no se imaginan hasta qué punto se va a reducir su patrimonio por efecto del divorcio. Si hay riqueza, se parte por la mitad. Y si hay pobreza, también se partirá por la mitad. Y en ocasiones, desafiando la matemática, por menos de la mitad.
Alberto Montt le saca punta a esto en su tira cómica De paso por el mundo.

Esteban Ceca Magan, abogado especialista en Derecho Laboral, da en el clavo en esta entrevista para Diariojurídico.com:
"Desde hace años, me he pronunciado a favor de que el legislador se convenza de que el trabajador no es menor de edad, y que sabe defender sus derechos, frente al empresario, haciendo uso de un precepto tan importante, como viejo: el artículo 1.255 del Código Civil del año 1881, que consagra el principio de libertad de pactos en la contratación. Además, cuanto más se legisla laboralmente, más se controla; pero menos trabajo se crea; puesto que el legislador, aun sin desearlo, se convierte en destructor de empleo, frente a un empresario que se resiste a cumplir todo un conglomerado heterogéneo de normas, en parte entorpecedoras de la actividad productiva."
Según un estudio reseñado por The Lawyer, los abogados son ahora menos inteligentes en comparación con la persona media que hace una década.
Se trata de una comparativa de las puntuaciones de coeficiente intelectual entre los letrados y otros profesionales nacidos en 1958 con los nacidos en los años 70. La conclusión, apreciados compañeros de mi generación, es que somos un poco menos listos, o dicho de manera más cruda, bastante más cenutrios. Es lo que nos pasa por estar todo el día colgados del Facebook, LinkedIn, Twitter y demás chupetes para adultos. ¿O fueron los excesos nocturnos los que ahora pasan factura? Que cada cual se imagine el motivo, si su cerebro aún le da algo de sí.
En fin, se suele decir que la inteligencia es patrimonio de unos pocos. Teniendo en cuenta la masificación que sufre la abogacía, parece claro que la inteligencia se está diluyendo en nuestro oficio en la correspondiente proporción.

Actualización: Debo ser el más tonto para que alguien me fusile el título de esta anotación. Quod erat demostrandum.
Actualización II: 12 comentarios en Menéame.