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"Compórtese siempre educadamente. Sí, señor, no señor. Mire al agente a los ojos. (...) No lleve armas en el coche especialmente en presencia de drogas (...). Si tiene antecedentes penales o está en libertad condicional, quítese los dientes de oro y deshágase de las llantas de cromo".
¿Quién dijo que las demandas de responsabilidad civil por cuantías descomunales y conceptos absurdos (ya saben, me resbalé con una cáscara de plátano y exijo una compensación de mil millones al dueño de la frutería) son una extravagancia norteamericana, un producto típico del sistema legal estadounidense?
Pues yerra de medio a medio. Aquí en la razonable y moderada Europa, donde los abogados no van persiguiendo ambulancias, también tenemos nuestra ración de litigiosidad delirante.
Un trastornado mató hace algunos veranos a un pasajero de un tranvía en Oslo y hirió a otros cuatro con un cuchillo jamonero. Tuvo su día de furia. El tipo estaba en tratamiento psiquiátrico en el hospital universitario de Ullevål, cuyos responsables le habían dado el alta sin demasiado miramiento y no poca ligereza. Pues bien, el centro acaba de ser demandado ante un tribunal noruego por la negligencia que supone dejar suelto a un enfermo mental peligroso.
Pero, y aquí viene lo bueno, adivinen quién es el demandante. Exacto. El propio homicida reclama ahora un resarcimiento por el daño moral que le produce andar por ahí sabiendo que un tiempo atrás mandó a un congénere al otro mundo. Y ese cargo de conciencia hay que pagarlo, oiga.
El Feng Shui, literalmente 'viento y agua' es una disciplina de origen chino que interpreta los flujos de energía de tiempo y espacio en la naturaleza para procurar la armonía de las construcciones humanas con su entorno. Hace poco tuve noticia de tan oriental y exótica práctica cuando, embarcado en la venta de mi casa, uno de los visitantes más interesados en adquirirla, tras mucho pensárselo, acabó declinando la oferta alegando algo así como que “la escalera de tu salón no conduce bien el flujo del chi conforme a los puntos cardinales”.
Uno ya sabía que lo de vender piso se estaba poniendo complicado, pero que se frustre una venta por culpa del influjo de los trigramas del Ba-gua en la sala de estar o la interacción de yin y yang en el cuarto de baño, francamente no me lo esperaba.
Pero esto no es nada comparado con la demanda que le ha caído a un cementerio australiano. Resulta que sus responsables han permitido la construcción de un mausoleo de grandes proporciones justo delante de los sepulcros donde yacen los parientes de los demandantes. Según éstos, la edificación altera los benéficos flujos de feng shui que arropaban a sus difuntos, quitándoles “vistas” a la zona de jardín oriental y a cierta estatua protectora de Buda.Pero lo más curioso del caso es el argumento de defensa alegado por los administradores del camposanto. En lugar de rechazar cualquier influjo irracional o sobrenatural, sus abogados esgrimen otra interpretación de las reglas del feng shui, y que la obstrucción entre el Buda y las tumbas no es inoportuna sino deseable conforme a la orientación de las energías invisibles.
Está claro que el oficio de la toga se está hiperespecializando. ¡Ya tenemos hasta letrados geomantes!
Los tratados y constituciones occidentales prohíben la discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. ¿Incluye esto la obesidad?
El movimiento para la aceptación de los gordos es una corriente internacional que pretende cambiar la actitud negativa ante los individuos que padecen obesidad y luchar contra los prejuicios que les rodean. En España existe la Asociación Española para la Aceptación de la Obesidad, una “plataforma para difundir el concepto del respeto y la aceptación de las personas obesas”, que ofrece información y consejo desde una web denominada, sin complejos, Gordos.org.

Los amigos del estatalismo a menudo defienden la creación o pervivencia de organismos administrativos acudiendo, a falta de mejor argumento, a la justificación consecuencialista: la entidad pública en cuestión se justifica porque su existencia produce mejores consecuencias o efectos que su no existencia.
En el caso del ministerio de marras, las consecuencias benéficas sobre el mercado de la vivienda están aún por ver. Qué cabe esperar de un departamento cuya ministra inicia un mandato, que será brevísimo por la cercanía de las elecciones generales, con una pieza de presentación escrita en buroespañol, ese idioma extraño plagado de palabros grandilocuentes, tópicos pseudofeministas y giros desbordantes de corrección política.
“Hola a todos y a todas.Uno de los retos más importantes de las Administraciones Públicas es el establecimiento de unos canales de comunicación estables y eficaces con el conjunto de los ciudadanos y ciudadanas. Siga leyendo (si sigue despierto) …

Vayan por delante mis disculpas a los cuatro pacientes lectores que todavía no me han borrado de sus suscripciones. Tantos días sin escribir una línea no tienen atenuante ni eximente. Nada menos que desde mayo, el mes de las flores. En lo sucesivo juro prometo procuraré razonablemente escribir con más frecuencia.
Hablando de flores, he aquí un pleito curioso que se está juzgando en la ciudad norteamericana de Houston. Ya dijo Shakespeare que el amor, como ciego que es, impide a los amantes ver las divertidas tonterías que cometen. Un hombre casado demanda a 1-800-FLOWERS, un servicio de envío de ramos vía Internet, por incumplimiento de contrato y vulneración de la cláusula de confidencialidad. El tipo había realizado un pedido destinado a una mujer con quien mantenía lo que el Diccionario de la RAE define como “relaciones amorosas ilícitas”.
Se suponía que la floristería digital debía mantener en secreto los detalles de la compra, y no enviar por correo ninguna comunicación al domicilio del comprador. Pues bien, la empresa remitió días después una nota comercial de agradecimiento al domicilio del infiel, y la esposa de éste, tras leerla, y con la mosca detrás de la oreja, pidió una aclaración.
Con diligencia digna de mejor causa, la floristería virtual le contestó por fax indicando todos los detalles de la compra, incluidos los datos de la destinataria final, lo que resultó en el pertinente soponcio conyugal, el inevitable conflicto marital y el oportuno divorcio al canto.
Nuestro hombre seguramente ganará el pleito contra tan ineptos floristeros. Pero más difícil le va a ser recuperar a su cónyuge. La cosa recuerda al primer cuarteto del famoso poema amoroso de Quevedo, «Amante agradecido a las lisonjas mentirosas de un sueño»:
¡Ay Floralba! Soñé que te ... ¿Dirélo?
Sí, pues que sueño fue: que te gozaba.
¿Y quién, sino un amante que soñaba,
juntara tanto infierno a tanto cielo?