Decía alguien que tener hijos no lo convierte a uno en padre, del mismo modo en que tener un violín no lo vuelve violinista. A mí me acaba de llegar mi Stradivarius particular, que ahora tengo que aprender a interpretar. Se llama Lidia, nació el día 11 y me tiene apartado del mundo internáutico y del mundo jurídico. En realidad, me tiene en otro mundo. He aquí mi guapísima primogénita:
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