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Bitácora de iAbogado.com

Como las maracas de Machín...

03 febrero 2004 · 6:01 PM

En mis navegaciones por los sitios jurídicos de la Red - mezcla de ocio y puro espionaje industrial - he visto prácticamente de todo: desde webs corporativas a exhaustivos repositorios jurídicos pasando por magníficas páginas personales y nodos inclasificables.

Una carencia común es la del sentido del humor, que no debería faltar en ninguna mente bien organizada (decía Coleridge) y menos en la del abogado, que debe lidiar todos los días con situaciones conflictivas y a veces penosas donde el humor, el buen humor, sirve de linimento.

Pues bien, estaba equivocado: hete aquí un pequeño bufete norteamericano al que le sobra sentido del humor. En lugar del clásico ?quiénes somos? o ?nuestras especialidades', su web desbarra con pasajes como el que traduzco a continuación:

?Powers Phillips, P.C., es un pequeño despacho situado en el centro de Denver, Colorado a una conveniente distancia a pie de más de cincuenta bares y un par de pastelerías. Powers Phillips mantiene también una pequeña oficina en el exilio sobre las laderas plagadas de vacas próximas a Carbondale, Colorado, donde pone a pastar a sus letrados jubilados.?

El sitio web también describe a las seis ?arrogantes abogadas? del despacho, advirtiendo que: ?Los clientes pueden estar seguros de que la dirección femenina del despacho no reduce en modo alguno la calidad de sus servicios jurídicos. De hecho, el lema de Power Phillips desde su mismísima fundación ha sido ?somos tan incompetentes como cualquier despacho dirigido por hombres.'"

Dicen que el humor empieza por no tomarse a sí mismo nunca demasiado en serio. Parece que éstos se han pasado tres pueblos, o más bien, tres licorerías.


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Hagan juego, señores letrados

· 11:53 AM

El Tribunal Supremo norteamericano, contra lo que pudiera parecer, es mucho más pequeño que el español: está compuesto por nueve jueces vitalicios (entre los que se encuentran dos mujeres), y admite a trámite solamente unos 8.000 recursos al año, ejerciendo funciones de lo que aquí llamaríamos ?unificación de doctrina?, así como las propias de un tribunal constitucional.

No es extraño que sus escasas y cruciales resoluciones sean esperadas por toda la comunidad jurídica con gran expectación, hasta el punto de que existen incluso apuestas y juegos relacionados con su jurisprudencia. Para muestra, un botón: en FantasyCourt.com, los jugadores (solo abogados colegiados) compiten en predecir el sentido de las resoluciones de los magistrados. Para participar no hay más que registrarse, realizar tus predicciones, y esperar a la resolución del Supremo. Los jugadores reciben puntos por cada sentencia que predigan correctamente. Al final de la temporada, el abogado que acumula más puntos recibe un premio de cinco mil dólares.

¿Se imagina el lector algo así por estos lares patrios? ¿El ?Gordo del Supremo?, la ?Bono-Juris?, o la ?Quiniela Judicial?? No creo que exista un hueco en el hipersaturado mercado español del juego, pero ahí queda la idea.


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Cómo no llevarse las contraseñas a la tumba

02 febrero 2004 · 2:20 PM

En palabras de Marcel Duchamp, siempre son los demás los que se mueren. Por eso, cuesta hacer previsiones que vayan más allá del día fatídico, pues, como decía Cela hablando de la muerte, jamás llegamos a creer que vaya con nosotros, algún día, su cruel designio.

La forma más habitual de retratarse ante la muerte es el testamento, que los abogados solemos redactar y los notarios autorizar, donde el causante dispone acerca del futuro de sus bienes, las cuentas corrientes, el piso, la casita de la playa, etc.

Pero, ¿qué ocurre si tras el óbito (que llegar, llega) la información sobre el patrimonio, los derechos o las deudas del fallecido está almacenada en su ordenador o en Internet, y está, además, protegida por contraseñas que solo el finado conocía?

Una de dos: o el testador nos deja una lista de contraseñas en papel junto con su testamento (o como parte del mismo) o acude a "Mi Último Emilio", My Last E-Mail, un curioso sitio web que envía correos almacenados a las personas que quiera el usuario una vez éste haya partido al otro mundo. Suena pelín morboso, pero en la era en que nuestra información vital está cada vez más en formato digital, dispersa por Internet y protegida por diversas contraseñas (o una sola, como pretende Microsoft con su Net Passport, o sus competidores de la 'Alianza por la Libertad'), el servicio puede resultar de lo más útil.


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El principio es la mitad del todo

· 12:24 PM

La frase es de Pitágoras, pero bien podría haberla escrito Napoleón al atacar Rusia o Woody Allen al lanzarse en pos de sus cuñadas. Mueve al optimismo, a la acción, a no arredrarse ante las tareas espinosas o enormes.
Así que aquí está el principio, el primer apunte de esta bitácora sobre la Justicia en España (y otros sitios) y su lenta, inexorable y a veces divertida adaptación al mundo digital.


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